“Crónica de un colapso anunciado”: la carta por la crisis del Hospital Funes

Los trabajadores de la salud del Hospital Domingo Funes denunciaron el colapso del centro asistencial más grande del Valle de Punilla y denuncian que faltó planificación para afrontar la segunda ola de coronavirus, que arrojó cifras récord de contagios y muertes en la región.

Desde la Unión de Trabajadores de la Salud aseguraron que hubo “improvisación”, al tiempo que advirtieron que se registraron tres fallecimientos que podrían haberse evitado y denunciaron que el hospital modular no cuenta con instalaciones ni personal suficiente para funcionar.

“Desde hace ya más de quince días que el ascenso de la demanda de testeos y atención médica no cesa en el Valle de Punilla, y es éste, el Domingo Funes, es el hospital de referencia. Se reciben derivaciones de pacientes que necesitan mayor complejidad de atención, y las descompensaciones de los internados en sala común son habituales, ya que catalogarían para un cuidado intermedio y como es sabido, la disponibilidad de camas críticas es nula. Hace tiempo denunciamos la falta de funcionalidad, sin una conexión de oxígeno centralizada (primordial), el uso de una ambulancia para trasladar al paciente 50 metros para que ingrese al servicio de diagnóstico por imágenes para realizar una tomografía, inutilizando recursos, nula ventilación en áreas donde se podían producir aerolizaciones por la manipulación de muestras y sumado a todo ello, la escasez de personal que presentaba el hospital modular, que tuvo una inversión de 113 millones de pesos y que fue inaugurado con bombos y platillos para la foto dos meses después de los plazos estipulados”, expresó Verónica Analía Reyes, bioquímica del hospital y delegada de UTS.

“Sólo 30 días y 3 muertes evitables pasaron para que la realidad golpeara y se decidiera de buenas a primeras, un cambio de ubicación de las guardias dentro de la estructura del nosocomio. Una mudanza improvisada en la tarde del jueves 27/5, convirtió la guardia polivalente en consultorios, camas de internación y shock room Covid que el modular no supo o no pudo contener, principalmente por la falta de la correcta infraestructura para el oxígeno. Le llamaron UCI. El ala sur, que hacía un mes se estaba acomodando para atender consultorios externos de diferentes especialidades, se llenó de camillas, cajas, bolsas y bultos que debieron sortear para ser atendidos los pacientes y el personal de salud, otra vez, sobrecargado tratando de dar respuesta oportuna en medio del caos”, expresó.

“No pasaron dos días y el aumento en las consultas en la guardia Covid aumentaron drásticamente, recibiendo derivaciones de varias localidades del Valle, consultas que pasaron a ser urgencias y emergencias, externas y propias de las salas de clínica médica que requerían una atención inmediata. Así fue que desde las primeras horas del sábado la UCI se fue convirtiendo en una UTI, en una segunda etapa de improvisación. Con una capacidad de 6 camas y el shock-room, se terminó el día con 4 pacientes en ARM y uno más en observación luego de que muchos pacientes ingresaran al servicio de clínica médica. Todo este estrés manejado por un médico más enfermería que debieron “especializarse” en media hora y otro profesional en el modular para realizar las consultas febriles y testeos. Modular desierto de personal de salud y de mobiliario. Poblado de pacientes. Para el domingo, la situación se agravaba, por lo que con buen tino y decisión que sólo el trabajador comprometido puede sentir, se unió el equipo de salud para reorganizar las terapias y convertir al segundo piso en la UTI Covid, de 11 camas, como en octubre del año pasado. 11 camas que hoy están ocupadas. 100% de ocupación. Y en el cuarto piso, 27 de las 32 camas de clínica médica para patología Covid ocupadas (86%)”; sostuvieron desde UTS.

En otro fragmento de la carta que se dio a conocer en las últimas horas, se añade: “Comienza junio, la puerta de la época invernal y con el clima trae de la mano el aumento de patologías respiratorias. Se incorporan agentes de enfermería, médicos, y un solo cargo para cada uno de los servicios auxiliares (y no menos importantes) de rayos, laboratorio y kinesiología, para atender las 72 camas que prometieron habilitar en el ala norte del cuarto piso y donde aún no se observan las salas preparadas. Este personal deberá afianzar sus conocimientos en este momento crítico de la pandemia, algunos sobre la marcha, ya que recientemente ingresan al sistema laboral. Sabemos también que el recurso humano es finito, o en su defecto ya está agotado de cansancio, la mayoría tiene pluriempleo. Cabe destacar aquí la precariedad laboral hacia algunos compañeros, contratos renovados cada 3 o 6 meses en el mejor de los casos, prorrogando becas por más de 3 años, con un sueldo por debajo del nivel de pobreza y que obliga a los trabajadores a desempeñarse en el área febril, exponiéndose de manera directa a cambio de un bono de nafta. Propuesta totalmente irrespetuosa y que pone a la vista el destrato hacia el personal”.

“Hace más de 10 años que venimos denunciando el vaciamiento del sistema de salud, lo volvimos a advertir al comienzo de la pandemia. Es hora que este gobierno deje de improvisar, de comunicar datos falsos, de despedir, trasladar y perseguir a sus trabajadores. Es hora que nos escuche y nos considere parte de la toma de decisiones. Somos quienes estamos dejando todo al frente de esta batalla tan desigual”; concluye la carta firmada por Reyes.

 

Fuente: el diario de Carlos Paz

 

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